Opinion-Nuno
Que no haya vías férreas entre el Aeropuerto Elche y con Alicante ya es fiasco tercermundista

Desde aquellos años de desarrollo urbanístico expansionista durante el franquismo, Alicante siempre miró al Norte, pero casi de continuo olvidó el Sur. Todavía recordamos la cacicada de Pradel elevando altísimos «mojones» (rascacielos) en la Albufereta con la absoluta anuencia de nuestras autoridades de entonces. Incluso algún alcalde capitalino llegó a decir que Benidorm no podía «ganarle» a Alicante por elevación en edificios. Un disparate pues acabamos siendo una ciudad totalmente desnivelada, con 3 o 4 rascacielos (Estudihotel, Representantes, Hotel Sol…) salpicando el centro urbano mientras, para bien o para mal, los benidormenses siguen presumiendo de su singularidad única como «ciudad de los rascacielos», donde se acumula mayor turismo de masas tanto nacionales como extranjeras; algo inentendible para sociólogos, urbanistas, arquitectos, pero ahí está con sus asombrosas cifras de ocupación incluido el periplo invernal. 

Que no haya vías férreas entre el Aeropuerto Elche y con Alicante ya es fiasco tercermundista

Volviendo Alicante municipio y yendo de la Albufera hacia el Cabo de las Huertas se siguieron salpicando edificaciones como «La Chicharra», «La Jirafa», «Vistamar», etc. que sobrepasaban las 15 o 20 plantas para desembocar en una Playa de San Juan, otrora idílico litoral de casitas vacacionales sobre las que se superpusieron enormes bloques de pisos vacacionales que poco a poco van pasando, esencialmente ocupados por las nuevas generaciones, a estancias acotadas y fijas durante todo el año. Sin embargo, esas generaciones de clase media, media alta, profesionales y cualificados no buscan el litoral sur donde apenas se hizo una urbanización con cierto caché junto al Palmeral (de ahí su nombre) y sólo lindante, pero no integrada, con el barrio de San Gabriel. Además, la comunicación física con la playa resulta poco menos que imposible porque la vía férrea Alicante-Elche-Orihuela-Murcia, prácticamente lindante con el mar, lo impide. Y paralela a ésta una carretera apenas desdoblada y, casi siempre, saturada por el lógico volumen vehicular que la nueva autovía Alicante-Murcia-Andalucía no ha podido resolver. 

Problema que se ha tratado de corregir en los distintos planes urbanísticos, y sobre todo para darle prestancia urbana a la  EUIPO (Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea) poniendo a Alicante en el mapa continental, pero que se quedó en propósito de enmienda pues resulta bastante costoso, tanto a la hora de reunir todo el tráfico ferroviario en una sola estación intermodal, donde de nuevo se enfrentan las Administraciones central y autonómica, cada cual responsable de un ancho de vía, y por gracia desgracia de las elecciones con signo político distinto. 

Todos recordamos desde nuestra renovación democrática los planes del famoso triángulo Alicante-Elche-Santa Pola comunicándose a su vez con Elda-Petrel, lo que supone la interrelación de casi 1 millón de habitantes, pero también se ha quedado en lectura de hemerotecas. Tal vez debiéramos tomar ejemplo de grandes ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia o las rías norteñas con grandes y racionales infraestructuras capaces de intercomunicarse perfectamente porque lo que antes era campo, hoy es amazacotamiento edificado. 

El que no haya vías férreas entre el aeropuerto de el Altet (uno de los primeros en tráfico de toda la nación) con Elche y con Alicante, ya es fiasco tercermundista. El que no se hallan tunelizado (sólo en algún tramo) las conducciones hacia esa gran estación central, siempre prometida y nunca vista, donde reunir trenes y vehículos por carretera, es desidia o falta de decisión inapelable ante Madrid y Valencia por parte de las autoridades municipales. Y el que todavía no se hayan acabado las obras en las barranqueras que desde las montañas que contornean Alicante ciudad, nadie sabe cómo resistirá, pongamos por caso, el Barranco de las Ovejas o el encauzamiento de la Albufereta, habrá que esperar a la próxima riada, entre 3 y 7 años por cálculos climáticos aproximativos, para comprobar si hicimos los deberes con la suficiente capacidad de orientación y aguante. 

«El Sur también existe» cantaba Serrat como reivindicación frente a un Norte («con todos sus laureles el norte es el que ordena»). Y es labor de nuestras autoridades municipales empezando por Luis Barcala, alcalde, empezar a trabajarse la zona más depauperada de la ciudad. Quizá por ello los habitantes de San Gabriel tengan tan interiorizado el sentido de pedanía y de desatención. 

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