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«Olvidarán lo que dijiste, olvidarán lo que hiciste, pero jamás olvidarán cómo les hiciste sentir» (Maya Angelou)

«La gente olvidará lo que dijiste, también olvidará lo que hiciste, pero jamás olvidará cómo les hiciste sentir» (Maya Angelou)

Con su sonrisa, con su fuerza, con su manera de mirar la vida de frente, incluso cuando la vida le cambió los planes. Hoy la recordamos, y con ella recordamos a todas las mujeres que luchan —cada día, en silencio o a gritos— contra el cáncer de mama.

Cuando una mujer recibe el diagnóstico, su universo se desmorona. Había preparado un viaje a la playa, con su ropa ligera, con sus planes de sol y de sal, con su vida más o menos ordenada. Pero de pronto la vida la desvió hacia la montaña. No a una montaña normal. Una montaña empinada, rocosa, por una carretera estrecha y oscura. Un viaje que no pidió, que no esperaba, que no tuvo retorno. Intenta cambiar de ruta, volver al camino que había planeado… pero el volante ya no obedece. Solo queda avanzar, paso a paso, con la esperanza de no perder el rumbo.

El diagnóstico precoz del cáncer de mama es imprescindible. No es una frase hecha: es una cuestión de vida o muerte. Como también lo es que la atención médica sea sensible, humana y sin demoras. Cuando la sospecha de un cáncer aparece, hay que activar todas las alertas. No hay tiempo para burocracias, ni para las edades en el cribado ni para esperas. El tiempo es oro, pero también lo es la empatía. Cada minuto cuenta, y cada palabra, cada gesto, cada mirada puede aliviar o agravar el peso de ese viaje que nadie quiere emprender.

Es vital que el entorno entienda lo que significa un diagnóstico de cáncer de mama. Que la sociedad, la familia, los amigos, las instituciones —todos— comprendan que acompañar no es solo estar, sino saber estar. Todo cuenta. La forma de comunicarlo, el tono, el silencio, el abrazo. Todo cuenta cuando el miedo entra por la puerta.

Hoy, 19 de octubre, en el Día Internacional contra el Cáncer de Mama, levantamos la voz por todas ellas. Por las que luchan, por las que vencieron, por las que se fueron dejando una huella imposible de borrar. Reivindicamos más investigación, más recursos, más medios, más humanidad. No se trata solo de curar cuerpos, también de cuidar almas.

Si con todo esto se consigue salvar a una mujer, o mejorar la calidad de vida de una sola de ellas, habremos ganado una batalla. Luego, seguiremos pidiendo más. Porque cada vida que se salva, cada sonrisa que regresa, es un triunfo de todos.

Hoy su recuerdo nos confirma que lo importante no es lo que decimos ni lo que hacemos. Lo importante es lo que somos capaces de hacer sentir.

«La gente olvidará lo que dijiste, también olvidará lo que hiciste, pero jamás olvidará cómo les hiciste sentir» (Maya Angelou)

Para Olga Avellán

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