La opinión del millón para el/la mejor opinante respondiendo a la pregunta ¿quién ha ganado las elecciones? deja la respuesta tan en el aire como quedó su predecesora sobre ¿quién las iba a ganar?
Ni un solo acertante para línea, y seguimos para bingo tan impredecible como la repetición de elecciones o la ingobernabilidad de cualquiera de los dos bloques, sea el PP y su escisión Vox, o, peor aún, la sopa de letras y antítesis que deberá precocinar Pedro Sánchez.
Y es que, recuerdo al Ortega y Gasset “invertebrado”, los españoles no nos aclaramos, ni siquiera en el propio concepto como nación, personas físicas, idioma o lugares comunes aceptados y apoyados por todos/as como la bandera que simbolice al conjunto por encima de las partes. Quizás por ello tuvimos tres guerras civiles en menos de un siglo.
De empecinarse Pedro Sánchez por seguir atrincherado en la Moncloa, Carlos Mazón lo tendrá todavía peor que Ximo Puig, el enemigo interno del autócrata castizo, pues al enemigo ni el agua
La Comunidad Valenciana, siguiendo la estela del 28-M, ha votado centroderecha ascendiendo al PP, rebajando a un Vox muy tocado de inexperiencia e hipérboles contradictorias; mientras el PSPV-PSOE, que no el demasiadamente amortizado Ximo Puig, ha cogido resuello aun asumiendo la derrota incontestable de un Botànic relegado al invernadero de lo mustio, incluso con el tan artificial injerto de Unidas Podem remasterizada en Sumar y viceversa con un agresivo Compromís, el cual, talmente que sus preceptores independentistas catalanes, pierde adeptos cuando sale de localismos pequeñonacionalistas para enfrentarse a un compromiso nacional (España), porque en esto de las urnas también hay divisiones como en el fútbol y no es lo mismo jugar en Regional que en Primera.
Y Alicante no iba a ser menos: por siete a cinco ha ganado el centroderecha rojo y gualda a una izquierda más o menos estelada. Lo que se veía venir, aquí se cumplió, simple y llanamente porque los políticos autonómicos, provinciales y locales del PP, no tanto los nacionales, han estado al pie del cañón para defender sus respectivas parcelas geopolíticas frente a un Botànic del ordeno y mando desde el Cap i casal, insensible a las particularidades y realidades problemáticas de cada momento y lugar, mientras se dedicaban a cambiar el idioma más común de los españoles en señales indicadoras, fueran de servicios públicos, burocracias o tráfico, a imponer (que no compartir de buen grado) el catalán en zonas castellanohablantes y a aleccionarnos sobre lo obvio de un feminismo diferenciador y supremacista, no integrador, o la apropiación del colectivo LGTBI, sin contemplar siquiera que muchos de sus miembros son peperos y otros asépticos en la política activa.
Sabemos lo que somos y a quienes hemos votado en sincronía municipal, provincial, autonómica y nacional. Lo malo es que desconocemos si habrá que repetir las elecciones al Senado (del que nadie habla sobre el azul absoluto) y al Congreso de Diputados, es la opción que veo más fatigosa, pero más lógica, porque la otra, la del revoltijo de siglas que poco o nada tienen que ver con Alicante, léase independentismos de mayor o menor intensidad, vascos, catalanes, canarios, gallegos…, no creo que estén por defender nuestros intereses, siquiera los de todos, sino los suyos propiamente, quienes les acaban de facilitar cuatrienio con buen sueldo y estancia noctívaga en los mandriles, y por el ímprobo y titánico esfuerzo de apretar un botón.
Por otra parte, de empecinarse Pedro Sánchez por seguir atrincherado en la Moncloa, Carlos Mazón lo tendrá todavía peor que Ximo Puig, el enemigo interno del autócrata castizo, pues al enemigo ni el agua y, si además es desertor, ni el pan ni la sal. Esencialmente cuando la Comunidad Valenciana ha demostrado, vía Carlos Mazón, y adelantándose al resto comunitario, que una alianza y coogobernalidad con Vox, no le ha perjudicado en absoluto, todo lo contrario, rompiendo así los esquemas mediáticos de una izquierda que auguraba el batacazo del PP en tan perjudicial simbiosis.
Alicante es territorio bilingüe por según qué comarcas, y tierra de acogida desde el despegue socioeconómico del siglo pasado, por el cual, y a mi entender, ni mejor ni peor que el de otros/as, seguirá votando lo mismo en un tiempo y un país. Ahora será cuestión de que se nos sepa explicar a dónde queríamos ir nosotros, y a dónde quieren llevarnos ellos con unas alianzas en las que los alicantinos pintamos poco menos que nada.
