OPINIÓN Avilés
No soy sanchista, pero admiro su genialidad maquiavélica, que este deja en pañales a Cisneros, a Richelieu y a Mazzarino

Señor editor: haz el favor de poner en negrita a Juan Carlos De Manuel. Estoy continuamente dándole cera a este abuelo anarcoide, sanchista, perverso, quijotesco y descreído. Líder de un grupo peligroso que va de rojo de pedigrí y está  abducido por el socialismo viejuno, que le pega a Mazón por sus andanzas en El Ventorro y todavía, desde su Gabinete de crisis, aspira a algún ministerio o consellería, cuando está como el gallo de Morón, despeluchao y cacareando, como para que lo quite de en medio la guardia civil. De Manuel, que está como una chota, como yo, como el Nuño, como SánchezFeijoo y Abascal, como el obispo de Alicante y el de Roma, lo mismo que ÁbalosCerdán y Montoro, que este último sí que sabe.

Su sanchismo lo salva, aunque Sánchez no lo conozca y aunque Sánchez ya esté cuesta abajo en el congreso porque, quienes le han sacado la sangre   – nos la han sacado a todos- ven que hay poco que rascar y lo están dejando caer, sin presupuestos, sin ley de apagones y apretándole cada día más las tuercas los rufianes, los puigdemones, los kubatis y los aitores esteban para liquidar al estado dejándolo, no ya en gayumbos, sino sin ellos, en pelotas. En fin, acabo con la filípica y te lo pido nuevamente, editor, pon al De Manuel en negrita que estamos ya en una edad en la que nos tenemos que dar algún capricho de vez  en cuando.

Yo no soy sanchista, lo he dejado claro mil veces, arriesgando mi pensión y el poder dormir caliente en una plancha de espuma, en una residencia de ancianos que no sea la cárcel. No soy sanchista, pero admiro su genialidad maquiavélica, que este deja en pañales a Cisneros, a Richelieu y a Mazzarino. Con la cara como el cemento y el maquillaje impecable lo deja claro: Después de las vacaciones, nos reseteamos y partimos de cero para terminar la legislatura. No ha pasado nada, no hay de qué preocuparse. ¡Con dos cojones!

La economía   – no sé cómo ni en base a qué, porque cuando yo me aprendí el Samuelson para aprobar la Economía política que me daba el conseller Diego Such, no me enteré por qué si nadie da golpe, si esto está lleno de subvencionados y paniaguados, dónde está el secreto para que los pensionistas cobremos- la economía y los pensionistas paniaguados – como yo que he trabajado solo cuarenta años y tres que no contaron porque trabajé de pirata cuando Franco- están salvando a Sánchez. La economía y el maquiavelismo estudiado al milímetro lo hacen un presidente  vitalicio.

Desde la ancianidad, con los pies en la palangana y el ventilador a tope de revoluciones  escudriño la prensa  – mi chica, la que levanta el asfalto cuando pasa por el lugar más vulgar que ella vuelve mágico, me dice que deje ya los periódicos porque me voy a volver gilipollas-. Veo que los partidos tienen una máquina de fango siempre al ralentí para activarla cuando procede, un cubo de basura que destapar para poner el ventilador y ambientar el mundillo político con ese tufo a vertedero, tan característico de la vida pública.

Hagamos memoria: estalla el gran caso de la legislatura. Cerdán el gran organizador, Koldo el recadero y Ábalos, esperanza del socialismo valenciano, el hombre de la gabardina y el puestazo en fomento donde se repartían adjudicaciones para pillar, todo presuntamente y resumido. Si a eso unimos la cátedra de la señora y la música del hermano  – también presuntamente- ya teníamos el cóctel perfecto para mandar a Sánchez a dar conferencias por Iberoamérica. Este tío es un crack. No hay problema. Busquemos un cubo de  basura de los otros. Ha encontrado un tesoro llamado Montoro. Presuntamente.

Comparar a Montoro con CerdánKoldo y Ábalos es como comparar a Torrente, a Mortadelo y a Pepe Gotera y Otilio con James Bond o con Mata Hari. Nada que ver.

Presuntamente   – estoy hasta los cojones del adverbio- Montoro monta un gabinete diabólico en el que él manda con su sonrisa vampírica. Lo llena con colegas subordinados que hacen el trabajo fino, legal, niquelado. Ellos son el legislador que para algo es el ministro de hacienda, el amo de la pasta el que predica que las normas fiscales son para todos. Pues vamos a arreglar las normas a la medida de nuestras narices. Ya saben que yo soy criminólogo crítico, no torero de salón como hay  mil, de los que bajan a la arena. Las normas las hacen los poderosos con el fin primordial de permanecer en el poder. Ahora los jueces tienen trabajo con el Equipo Económico. ¿Qué pasó con las empresas gasísticas, las de las renovables y las del juego? Todo presuntamente, no se querellen que estoy ahorrando.

Sordo como una tapia,  por la mili en artillería, estoy ahorrando para comprarme unos pinganillos  – seis mil pavos, para no decirle a mi chica que me hable fuerte por el oído izquierdo que es el que me dejó medio sano el cañón antiaéreo. Mierda-.

Asqueado por la comparación de James Bond con Torrente, me pongo la chupa de cuero y me lanzo en busca de una Alhambra verde  – a ver si los de la Alhambra se estiran que me las han subido a tres cincuenta en los garitos baratos y un jubilado no puede soportar ese gasto. Yo, con una caja al mes, le sigo dando publicidad, como reconstituyente, facilitador neuronal, frenador del alzheimer, sustitutivo del tadanafilo, disminuidor de la barriga cervecera, eliminador de las caries y convertidor de la halitosis en limones salvajes del Caribe.

Ahí tenéis el reportaje fotográfico, si el editor se deja sobornar. Salgo de Alicante para hacer un recorrido por los castillos de la zona. Cultura en vena. Subo a Castalla, castillo moro del siglo XI, un cerro privilegiado que controla toda la comarca. Primer tercio con ensaladilla rusa. Bajo por el lado contrario de la sierra y llego al de Sax, un castillo imposible que se adapta como un guante al lomo de una sierra encrespada, edificado por los moros sobre restos iberos y romanos para dominar el valle del Vinalopó. No hay cerveza, me he tomado una en Castalla y no quiero líos con la Benemérita. Paso de Villena, iré otro día. Me hago una foto y pongo gasolina en Almansa y ya hablaré del castillo. Me paro en Chinchilla, con perdón, cerca de Habard-cete. Precioso monumento mezcla de épocas y de estilos que incluso sirvió de cárcel terrible en la que estuvo César Borgia, arzobispo de Valencia, hijo de un Papa que no respetaba ni la castidad ni el celibato. ¡Me cagoenlaputa con la que me dieron a mi los curas con ese rollo y las veces que me vi en el infierno!  Ya verán las  memorias.  En ese castillo, metieron mano los romanos, los godos, los moros, los cristianos, el Infante Don Juan Manuel y mi tatarabuelo Pacheco de Avilés.

En Chinchilla hay cerveza porque mis niveles de alcohol, después de cien kilómetros sudando desde Castalla, han bajado a cero. Me vengo arriba y hago un estudio mental rápido. Me lío por la falta de costumbre, porque no estudio nada desde la reválida de sexto, y veo que me faltan cien kilómetros hasta El Pedernoso, el lugar del que Cervantes no quería acordarse, la cuna de El Quijote y la sede del mejor evento literario de este país al que es imposible destruir conforme a Von Bismarck. Enfilo hasta La Roda y pongo gasolina, aunque no haya castillo que retratar. Cojo la antigua carretera de Madrid, ahora vaciada como la España rural. Una pasada, campos calcinados al sol, trigos segados y viñedos con uvas apretadas que llenarán los lagares. Varias gasolineras esqueléticas, me tiro al suelo y me hago otra foto. Esta murió hace años con una factura de gasolina de dos con veintisiete euros. Tengo una tentación contra la castidad, obligada para un anciano de mi calaña y condición económica, y la venzo como Serrat: cayendo en sus brazos. Mi chica me ayuda con su mero recuerdo escultural, sus piernas marmóreas y su espalda de planicie imperial. Dejo la cuneta en la que me rebozo como para que la examine un forense. No me pueden procesar por escándalo público. Se me desborda la dopamina, la hormona del placer en un descampado hirviente y lleno de matojos. ¡Ayyyy, señor!

Llego a El Pedernoso. Están en fiestas. La Abuela Santa Ana, como mi hija que no me hace ni caso, como la Alcaldesa que me invita a una Alhambra y dos huevos fritos para recuperar mi físico escombroso y machacado. Se une la Secretaria -Interventora y nos hacemos una foto, tras los huevos fritos, en el Molino Cotolix, emblema del QUIJOTE NEGRO E HISTÓRICO. ¿Quién dijo que las gentes de España no son excelsas? Aquí están las pruebas gráficas. ¿Quien dijo que hay que irse a las Seychelles para disfrutar? Tengo que llevar a mi chica a la gasolinera donde el pecado bíblico tuvo lugar…una patraña. Allí vamos a pecar a dúo.

¡Señor, llévame pronto! Perdón, se me ha ido la bola, déjame disfrutar de los besos de mi chica una temporada larga,  treinta años por ejemplo, del sabor de su boca a mojito cubano, a coctel de frutas caribeñas, de su piel aterciopelada y de su melena leonina que te hace cosquillas en las entretelas incluso sin moverse. Cuando se mueve… ya es una explosión cósmica que ni el Big Ban  de que hablaba Carl Sagan.

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