Alicante se ha convertido en escenario de una de las reflexiones más contundentes sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el futuro económico y social. El divulgador tecnológico Jon Hernández ha sido el protagonista de la última Conferencia Circular del Cámara Business Club, celebrada bajo el título “¿Ola o tsunami?”, en la que ha lanzado un mensaje claro al empresariado: el cambio ya está en marcha y no admite demora. El divulgador experto en IA ha trasladado a los empresarios la idea de que la Inteligencia Artificial no va a frustrar los proyectos empresariales, aunque ha advertido que «fracasará el que no la utilice», y ha insistido en que es una herramienta del presente, no del futuro, para aplicarla ya en las empresas.
El acto, presentado por Jesús Navarro, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Alicante, y por José Antonio Gómez, gerente de la consultora alicantina Ipydo, ha reunido este martes en el Restaurante Santa Luzia de Sant Joan d’Alacant a empresarios y profesionales interesados en comprender el alcance real de la revolución tecnológica en curso.
La inteligencia como “commodity”
Hernández plantea una analogía directa con la Revolución Industrial: si entonces la fuerza física perdió valor frente a la maquinaria, ahora es la inteligencia humana la que se enfrenta a un proceso similar.
“Tenemos que averiguar qué vamos a aportar los humanos cuando la inteligencia valga cero”, ha destacado. Según ha explicado, la IA está convirtiendo la inteligencia en una commodity, accesible y replicable, lo que diluye una de las principales ventajas competitivas tradicionales.
Este cambio obliga, a su juicio, a replantear el papel del ser humano en el sistema productivo. “Ser el más listo de la clase ya no garantiza nada”, advirtió.
Un presente, no un futuro
Uno de los errores más extendidos, según el experto, es considerar la IA como algo lejano. “Tendemos a hablar en términos de futuro, pero es un error de diagnóstico. La IA ya está aquí, operando de forma invisible”, señaló.
En este sentido, destacó la magnitud de las inversiones globales: grandes compañías tecnológicas están destinando billones de dólares al desarrollo de esta tecnología, anticipando una explosión de beneficios y transformaciones hacia 2029.
Hernández alertó también sobre la llamada “parálisis por análisis”, provocada por el exceso de información. Frente a ello, recomienda centrarse en el impacto directo sobre cada negocio.
“Esto nos va a afectar diez veces más que cualquier tecnología previa, y diez veces más rápido”, afirmó. La clave, añadió, está en la velocidad: “Es la diferencia entre una ola que puedes surfear y un tsunami que te arrasa”.

Durante su intervención, el ponente ha insistido en que la IA ya no puede entenderse únicamente como una herramienta. Su capacidad para ejecutar tareas creativas y cognitivas sitúa a esta tecnología en un nuevo nivel.
“La IA ya obtiene resultados similares a los nuestros”, explicó, aunque matizó que su funcionamiento difiere del razonamiento humano, al basarse en sistemas de entrenamiento por refuerzo.
Además, subrayó el fenómeno de la “caja negra”: incluso sus desarrolladores desconocen con precisión cómo se generan algunos resultados, lo que ha dado lugar a las llamadas “habilidades emergentes”, capacidades no previstas inicialmente.
Impacto en el empleo
El experto auguró un cambio profundo en el mercado laboral con la llegada de los llamados “agentes de IA”, sistemas capaces de tomar decisiones y ejecutar procesos completos de forma autónoma.
A diferencia de revoluciones anteriores, como la imprenta o el motor de vapor, que necesitaron décadas para reconfigurar el empleo, Hernández advirtió de que esta transformación será mucho más rápida. “El problema ahora es que no hay tiempo de reacción”, afirmó.
Una llamada a la acción
Como conclusión, lanzó un mensaje directo a los asistentes: la adaptación no es opcional. “No podemos ganar al sistema. Y cuando no puedes vencer al enemigo, lo que tienes que hacer es unirte a él, integrarlo y liderar el cambio antes de que el cambio te lidere a ti”.
La jornada dejó claro que el debate sobre la inteligencia artificial ya no gira en torno a su llegada, sino a la capacidad de las empresas y profesionales para adaptarse a un entorno donde, como advirtió Hernández, la inteligencia dejará de ser el principal valor diferencial.
