¿Y si en el caso de las viviendas protegidas de Les Naus aparece un Aldama? ¿Y si alguno de los investigados, adjudicatarios, intermediarios, técnicos o responsables que participaron en el proceso decide romper su silencio y contar lo que sabe? ¿Y si hubiera grabaciones, fotos, documentos…?
La investigación judicial sobre las presuntas irregularidades en la adjudicación de Viviendas de Protección Pública (VPP) del residencial Les Naus, en Playa de San Juan, pone el foco en personas vinculadas al Ayuntamiento de Alicante y al propio gerente de la cooperativa constructora. La jueza instructora ya ha citado a quince investigados entre cargos públicos, funcionarios, técnicos y beneficiarios de viviendas. La Generalitat ha remitido informes en los que aprecia incumplimientos en varios expedientes de adjudicación relacionados con los requisitos de ingresos y patrimonio exigidos para acceder a este tipo de viviendas protegidas. La causa sigue abierta y todavía queda mucho por esclarecer. La vía judicial necesitaría ‘un soplo’ para ampliar el foco, o quedarse como está.
La experiencia demuestra que los grandes casos de corrupción rara vez se resuelven únicamente por la documentación judicial aportada por las partes. Generalmente avanzan cuando alguien decide hablar.
Hemos visto cómo Víctor de Aldama ha alterado el curso de procedimientos judiciales mediante declaraciones que han abierto nuevas líneas de investigación. No se trata de convertir a nadie en héroe, no lo es. Aldama era la pieza clave corruptora, tan delincuente como el resto. Los colaboradores con la justicia no suelen ser santos arrepentidos. Hablan porque se les oferta reducir penas, protegerse o mejorar su situación procesal. Y entonces hablan.
En una presunta trama de las características de las VPP de Les Naus puede haber perfiles muy distintos. Quienes diseñan el sistema; quienes planifican cómo sortear las reglas; quienes vieron una oportunidad extraordinaria en esta promoción de viviendas públicas y actuaron de agente corruptor o quienes debían haberse dado cuenta de algo y dicen no saber nada.
Pero también hay otros perfiles. Personas que no idearon nada y que no impulsaron nada. Llegaron a un proceso ya en marcha y aceptaron colaborar. Personas que vieron una oportunidad, hicieron preguntas incómodas, recibieron respuestas tranquilizadoras y decidieron mirar para otro lado a cambio de un ‘pellizco’ del pastel. Beneficiarios que pudieron pensar que aquello era irregular, pero no quisieron renunciar, ni denunciar.
Puede que algunos de estos estén hoy reflexionando sobre aquel momento en el que dijeron que sí. El día en el que decidieron cruzar la línea.
La corrupción no siempre empieza con una maleta llena de dinero. A veces comienza con una llamada, una recomendación, un favor, una firma o una omisión y mirar para otro lado por afinidad con el corrupto. Alguien activa el mecanismo que permite que las normas dejen de aplicarse para unos pocos.
Quien es capaz de corromperse por interés o contexto también es capaz de colaborar por conveniencia.
La justicia debería incentivar mucho más la colaboración eficaz. El ‘arrepentimiento’ resulta extraordinariamente útil desde el punto de vista judicial. Quien participó conoce los detalles que no aparecen en los expedientes. Sabe quién llamó, quién autorizó, quién presionó, quién avisó, quién se benefició y en nombre de quién se actuó.
La gran incógnita de Les Naus no es únicamente si hubo irregularidades. Eso deberá determinarlo la justicia. La verdadera incógnita es si alguno de los que participaron directa o indirectamente en la operación decidirá contar todo lo que sabe.
Si aparece un Aldama en Les Naus, el caso podría cambiar por completo. Algunos de los que hoy duermen tranquilos -seguros de estar al margen- empezarían a tener problemas para conciliar el sueño. ¿Y si hubiera un Aldama en Les Naus?
